Bordes y fisuras entre el cuerpo natural y urbano.

La obra de arte está tan imbricada en su contexto que sin él carecería de sentido. El papel del artista, de la obra de arte y del espectador ha ido cambiando a lo largo de la historia y en el momento actual, regido por un sujeto saturado y en crisis con su entorno natural, este cambio es más intenso.

Entendemos nuestra actividad artística, por medio de la fotografía, la instalación o el video arte, como una reflexión sobre las vicisitudes del sujeto moderno. En un momento en el que  se ha globalizado la producción y el intercambio de bienes, el valor intrínseco de las cosas ha sido sustituido por el valor de cambio, sin embargo, en la sociedad de la aldea global, de las libertades y el progreso, las personas han quedado determinadas por su lugar geográfico. Por este motivo, hoy más que nunca surgen las fronteras, los límites, los bordes y rebordes, que definen espacios y lugares. El arte actual se ha enriquecido con una encrucijada de propuestas que  no manifiestan una realidad del mundo sino muchas realidades, porque como decía Hans Belting: “No hay un esquema conceptual universal que abarque la diversidad de las culturas del mundo”.

Entre  el Yo, el Otro y el mundo Natural existen límites, bordes y rebordes. Dada la realidad de sus diversas manifestaciones, no son algo fijo o estático, sino que cambian con el paso del tiempo. En la actual cultura del espectáculo se manifiestan en las interfaces del Yo, el Otro, el Cuerpo Urbano y Natural y con ellas, también,  las fisuras que produce la actual cultura del espectáculo. En consecuencia, en este Proyecto, seguimos  tres líneas de trabajo complementarias.

En la primera investigamos los límites del cuerpo, sus índices, bordes y rebordes. El cuerpo se refleja como lugar activo e ideológico, como experiencia y  parte de un universo más amplio del que todos formamos parte, dentro del sistema constituido por la naturaleza y el paisaje. En nuestras fotografías intentamos manifestar cómo el paisaje, el cuerpo individual o urbano son un constructo. Desde la perspectiva de la economía ecológica, el paisaje y sus elementos también deben ser explicados como productos de procesos económicos. El hábitat que creamos cuando transformamos la naturaleza no es solo comida y abrigo, como ocurre en el reino animal, sirve para nuestro sustento biológico, social, cultural, ético y estético. El hombre tiene el impulso de controlar, usar y manejar la naturaleza y la capacidad de maravillarse con ella. El paisaje es, también, el producto de los procesos económicos, que reflejan una construcción político-ideológica como consecuencia del cambio que se ha producido entre el esquema producto-dinero-producto, propio del espacio formal, y el dinero-producto-dinero en que el valor intrínseco del objeto ha permutado por el valor de cambio y el actual  información-poder-información.

Hemos entrado en el campo del paisaje como especulación. El paisaje como resultado de la intervención económica, con valor transable en dinero y poder. Interfaz donde conviven, el paisaje, el no paisaje, lo no urbano y lo urbano, vértices que definen un cuadrado semiótico en el que se dan tensiones que definen las futuras formas de paisaje del que todavía no somos muy conscientes.

En la segunda utilizamos la supresión para manifestar la anarquitectura corporal, el resto como estrategia para ver lo que la cultura del espectáculo oculta y purgar el exceso escopofílico en el que el sujeto sobremoderno se halla inmerso. Se trata de evidenciar las fisuras del cuerpo integrado (Cuerpo YO, Yo-Otro, Cuerpo natural y el paisaje como interfaz).

Desde una visión topológica del arte, el cuerpo y la naturaleza, funcionan como contenedor o reborde que aísla su superficie material del mundo exterior que lo circunda, señalan el espacio indicado interno y externo. Esta es la tercera línea abierta en nuestro trabajo en el que prestamos especial interés a los rebordes, entre ellos los del aparataje, la ropa, las gafas o los coches. Estos aparatajes son señas de identidad que establecen vínculos con el exterior. Pueden rimar plásticamente con las partes indicadas o satisfacer nuestro gusto, agradar al otro o servir de símbolo de poder, estatus, o incluso exclusión del Otro. La ropa es mediadora entre el espacio interior que ella indica y el espacio exterior. Es un fenómeno que enmarca el cuerpo superponiéndose a la piel, al contorno corporal. Por lo tanto, engloba al concepto de contorno y reborde. Pero, los signos de identificación pueden ser excluyentes, pueden crear fisuras en el cuerpo colectivo.